Steve June 30, 2020
editorial:-‘el-orgullo-lgbti+-y-la-lucha-por-el-matrimonio-igualitario-en-cuba’
(Captura de pantalla de Tremenda Nota)

Nota del editor: Tremenda Nota es el medio socio del Washington Blade en Cuba. Este editorial salió en su sitio web el 29 de julio.

Los colectivos LGBTI+ de Cuba han llegado a este 28 de junio más organizados que nunca antes. 

La Plataforma 11M, que es el grupo más activo, hizo gala
de fuerza este mes con una besada virtual y un tuitazo a favor del matrimonio
igualitario que se reeditará el 11 de cada mes, en referencia al 11 de mayo de 2019, cuando cientos de
activistas y sus aliados marcharon en La Habana sin autorización. 

El Orgullo que los movimientos LGBTI+ del mundo entero
celebraron este domingo es una celebración de la rebeldía, a diferencia de
otras conmemoraciones, como la del Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia ―el 17 de mayo―, que
se originó en un gesto institucional de la Organización Mundial de la
Salud. 

Mientras el 17 de mayo es una fecha que recuerda el
triunfo del sentido común sobre los prejuicios culturales del discurso médico,
el 28 de junio significa la rebeldía LGBTI+ sin concesiones. El acto de
desobedecer. 

Ninguna institución, ni siquiera los Estados, tiene
derecho a enfermarnos o sanarnos, a igualarnos a todos o rebajarnos a una
ciudadanía de segunda clase, según determine la voluntad política. 

Las instituciones cubanas, que siguen patologizando los
cuerpos trans y discriminando el acceso a la fertilización, por hablar solo de
dos gestos reguladores, llevan años retardando la implementación en las leyes
de matrimonios LGBTI+ que, no obstante, existen. 

En la tradición patriarcal, existir más allá del Estado
es un gran atrevimiento. En el mundo heterosexual, es el Estado quien decide
qué eres. Se ocupa de reglamentarlo y registrarlo minuciosamente, siempre con
el afán controlador y empobrecedor que es consustancial al origen y la práctica
de los Estados. 

Los maricones y tortilleras y travestis y trans nacimos
en esa tradición. Vivimos en la paradoja de negar ese orden y a la vez, como
forzosamente, sin más opción, querer asimilarnos a él. 

Nosotras no tenemos patria. 

Las patrias no son esencias, sino discursos. Y siempre,
hasta ahora, ha sido el discurso de un grupo, de una clase o de una ideología
que pretende prevalecer. 

Ningún ideal de ciudadanía concebido desde los
presupuestos nacionalistas tradicionales ha aportado siquiera un trato
respetuoso para las comunidades LGBTI+ en Cuba ni en ninguna parte. 

No obstante, como fuimos asimiladas a esos Estados sin
que nos consultaran y recibimos de ellos, como una asignación incuestionable,
un género y una orientación sexual, tenemos derecho a exigirles a estas
alturas, al menos, un trato igualitario. 

El matrimonio civil es un derecho alcanzado en la mayor
parte del mundo desde el siglo XIX por las personas heterosexuales y afiliadas
en general a las normas patriarcales. 

Es, también, una institución reguladora que establece
solamente una relación de esas parejas con el poder efectivo e implica una
sumisión. Otras opciones de relacionarse o de constituir familias, por suerte,
siguen funcionando al margen del sistema. 

Pelear por el matrimonio igualitario, como ha hecho en Cuba la
comunidad LGBTI+ con más empeño desde 2018, ha sido, sin embargo, la
oportunidad más viable para desmantelar la vieja patria donde hemos vivido como
inquilinos hasta ahora. 

Los intentos de activismo sustentados por una sensibilidad
“oficial”, como el emprendido por Mariela Castro y el Centro Nacional
de Educación Sexual durante la última década, fracasaron precisamente por haber
nacido sujetos al deseo de asimilarnos a un orden que nos excluye, sin
comprender la naturaleza histórica de esa relación opresiva. 

Sin revisar y
cuestionar abiertamente la homofobia y transfobia de Estado, no solo cultural
sino política, ejercida en Cuba hasta el presente, las comunidades LGBTI+ no
tienen ninguna oportunidad de conseguir ni siquiera la igualdad sometida que
pudiéramos obligar al poder a otorgarnos. 

El Orgullo LGBTI+ debería ser la fiesta de quienes ya
superaron la tentación de asimilarse y, si van a pelear en el terreno del
Estado, fingirán que aspiran a incluirse en las reglas para ganar pequeñas
victorias. 

El matrimonio igualitario es la meta de ahora. Y
hay que lograrlo sin referendo, a pesar de la norma establecida por el
parlamento cubano con el propósito de buscar un consenso injusto, por razones
no solo prácticas. 

El matrimonio igualitario no nos dará una
patria, pero hará más habitable la patria que nos impusieron. Con esa certeza
hay que ir por él.

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