Steve April 15, 2021
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(Ilustración de Freepik para Reportar sin Miedo.)

Reportar sin Miedo es el medio socio del Washington Blade en Honduras. Esta nota de opinión salió en su sitio web el 4 de abril.

LA JIGUA, Honduras — Nadie tiene que ser criminalizado por su forma de amar y por a quién ama. En nuestro mundo, el odio es una moneda de cambio tan utilizada que las fobias sexuales solo añaden más desazón a una existencia de por sí complicada.

Dicho esto, quiero comenzar a contar un poco de mi historia.

Mi nombre es Beyger García. Nací, me crie y en parte me eduqué en La Jigua, un pequeño municipio del departamento de Copán. Soy microbiólogo de profesión y comunicador de vocación.

Mis conflictos se remontan a la infancia y la adolescencia. Nada más cruel que ser un hombre gay aquí en el área ruraldel occidente del país. No es tarea fácil. Vives día a día los señalamientos, murmuraciones y cuestionamientos de por qué el niño es así. La gente en mi pueblo era y sigue siendo machista. Sales a la calle y te tratan mal, con insultos y palabras inadecuadas para decir lo que soy: gay.

(Ilustración de Freepik para Reportar sin Miedo.)

Yo sentía mucha presión, pues al principio me sentía culpable de mi forma de ser. Y es que, si de algo se encargan en los pueblos, es de hacerte creer que estás cometiendo delito de homicidio al atreverte a ser tú mismo. A eso súmale todo lo que te crees respecto a cómo lo tomará la familia. Es un vaivén de emociones.

Los días transcurrieron y, con el tiempo, la vida me trajo a residir en la cabecera departamental, Santa Rosa de Copán. La realidad no es nada distinta a la que se vive allá tierra adentro. Claro que hay un poco más de aceptación, pero se aplica la frase “no preguntes, no lo digas”.

Aquí se te permite ser gay, pero sin pluma, que no se te note, que tu forma de vestir, actuar y ser vaya de acuerdo con los protocolos sociales de esta pequeña comunidad que no pasa de 70,000 habitantes. Y qué decir de la homofobia de la comunidad. La mayoría viven doble vida, otros llegan y ofrecen relaciones entre cuatro paredes.

Siendo un hombre de 32 años que se acepta y se valora tal cual es, hoy puedo decir que nada más hermoso que encontrar personas auténticas, transparentes, seres humanos que aman a otros seres humanos. Saber que a quien ames y cómo lo ames ya no es tema de conversación y mucho menos de discriminación.

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